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El Señor vive en mi
Te amo, mi Señor


De niña a mujer

DE NINA A MUJER
Era una alegre mañana de invierno, el sol lucia en el cielo y la gente caminaba con agrado por la tierra, pero esa no era una más en mi vida, ese día cambiaria toda ella, lo que sucedió, fuera de ser natural y normal trastocaría el resto de mi existencia, dividiría dos épocas, niña y mujer sin apenas darme cuenta, sin ser consciente del cambio brutal que seguiría a aquel acontecimiento.
Habia nacido de una familia burguesa acomodada y feliz, mi padre un buen hombre se desvivía en trabajar para darnos de todo lo que en aquellos tiempos podía y era mucho, años más tarde hablando con mis amigos me daría cuenta de lo privilegiada que había sido en mi niñez.
Ella estaba delicada, pero nada grave, un chapucito aquí otro allá, su vida transcurría feliz y tranquila, un día salió y su paso no fue tan preciso como siempre, su pié resbaló y el suelo recogió a ese ser que me dio la vida. Desde ahí empezó un declinar de su salud hasta aquel no esperado ni deseado día, aquel mal momento inevitable y cruel.
Acababa de llegar de la calle, venia de verla, estaba en el hospital en la UVI pero su vida no corría peligro, intranquila pero relajada me desvestía y ponía cómoda, el teléfono sobresalto mis pensamientos incoherentes y absurdos de quien no esta en algo concreto, su timbrazo fue normal, pero escondía un duro secreto.
_¿ Quien?
_Aquí del hospital.... ¿Es usted Doña....?, Por favor su madre ha empeorado.

Eran unos sonidos estremecedores, esperanza quedaba pero.....
Volví a vestirme como una autómata, no pensaba, no podía, mi cabeza estaba vacía, mi corazón latía con rapidez, como si un puño de hierro me lo apretujara, en la garganta seca un nudo y en los ojos una lagrima reprimida con la esperanza en lo hondo de mi ser.
El camino fue lento y desesperante, como si en una nube volara, si en un mundo irreal me moviera, lo que pasaba a mí alrededor no era cierto, no era conmigo, era un sueño del que despertaría como una pesadilla.
El coche se paró, me baje y entre en esa mole de piedra y mármol que en otros momentos admire, pero ahora ni veía ni apreciaba su estructura señorial e inmensa, Todo estaba desierto, como si todos hubieran desaparecido, silencioso y estremecedor, el aire no existía, solo mi corazón se oía.
_ ¿El ascensor? _ decía
Subí en otro mundo, el pasillo vacio acompañaba mi anhelo, una puerta cerrada, la estancia vacía, de pronto se abrió y dio paso a una camilla ¡ Oh Dios!, una sabana cubría un cuerpo, por entero, me derrumbe, no podía ser cierto, soñaba, pero....
Mi padre, callado y mudo me acompañaba, miraba con la serenidad de la edad, su cara seria y enjuta, no decía nada, el dolor y la tristeza, la angustia y la impotencia llenaban ahora los pasillos vacíos del hospital, el nudo de mi garganta se transformaba en llanto silencioso, tímido y tembloroso.
La tarde se presento larga y tediosa, miles de personas pasaban diciendo palabras de consuelo, dichas y quizás no sentidas, frases oídas en ocasiones similares y que no decían nada, ¿cuántos de verdad lo sentían? ¿cuántos de verdad me acompañaban en mi dolor?, luego conversaciones sin sentido.
-¿Cómo estas?
-Bien-
-¿ y tus hijos? ¿se casaron? ¿ tienen hijos?
¡Que me importaba a mí!
¿Alguien me acompañaba de verdad?, parecía una reunion social en la cual se pregunta por los demás, se comentaban anécdotas, pero ¿y mi madre? ¡estaba allí!, nadie se acordaba, solo al entrar y salir decían:
-Lo siento
-Te acompaño en el sentimiento....
Me aislé un rato, mi cuerpo estaba presente, pero mi mente estaba en el recuerdo.
Vi a mi madre, joven con sus mejillas sonrosadas, sonreía, me traía una taza, ¡Ah! , fue cuando estaba con el sarampión, me cuidaba, ponía el termómetro
- Tienes fiebre, el jarabe
¡Cuantos cuidados!,
Ahora llora, ¿qué pasa? ,es mi boda
-No llores mamá, voy a ser feliz.
De repente una voz me saco de mis pensamientos.
-¿estas bien?
Una cara se acercaba a la mía, solo sus ojos muy cerca ...
-bien, bien, - respondí.
¡Ni soñar me dejaban!
La noche entraba, los presentes con una u otra excusa se iban ¡Que alivio!, otros por quedar bien decían de quedarse toda la madrugada, los más valientes comentaban que ya nada se podía hacer, era una tontería estar allí, ¡ en vida, en vida!.
¡ La muerte que sola se queda!
La mañana nos sorprendió entre dormidos y soñolientos, ¡ya todo iba a acabar!, se la llevarían y después el olvido.
Los golpes de los sepultureros sonaban profundos, ¡la estaban enterrando!,ya se acabaron las llamadas telefónicas interminables, las sorpresas de improviso, los regalos por mi santo, y cómo no, el cariño, ese cariño que solo ella me supo dar, un amor sin pedir recompensa, una abnegación sin limites, un dar siempre para nada recibir, la niña se hacia mujer en un instante, perdía la protección y el apoyo que solo una madre sabe dar.





Publicado por escritora el 5 de Noviembre, 2006, 15:51 ~ Referencias (0)


 
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